El martes, a la hora que las campanas de la Catedral de Murcia tocaban las veinte horas, empezaban a sonar voces y los instrumentos musicales cobraban vida en la Iglesia de San Juan de Dios.
Dentro de Murcia Tres Culturas y el XIII Festival de Música por la Tolerancia, la Coral ORPHEUS MUSIC, nos deleitó con un concierto de los que hacen historia: "Crisol. Músicas para una tierra de todos".
Acompañados por tres músicos geniales. Al piano, Carlos Vivancos, al violín, Rezart Kepatani, a la percusión Enrique González. Director, Francisco Javier Caballero Gimeno.
Hablar de Crisol, significa referirse a Murcia como una peculiar realidad étnica, social y cultural fruto de la fusión de numerosas civilizaciones y razas, comenzando por los pueblos prerromanos, fenicios y cartagineses, judíos, romanos, bizantinos, visigodos, árabes y bereberes, y por último aragoneses y castellanos.
Yo no sabría escoger sin errar una de las piezas del repertorio que nos ofrecieron: cristiano, árabe y hebreo.
Quizá, por mis raíces andaluzas y mi amor a la poesía, fue "NOCTURNOS DE LA VENTANA", de mi idolatrado Federíco García Lorca, mi favorita. Cantado rayando la perfección por la coral, acompañados magistralmente por los músicos y dirigidos por Francisco Javier Caballero Gimeno.
NOCTURNOS DE LA VENTANA
1
Alta va la luna. Bajo corre el viento.
(Mis largas miradas, exploran el viento)
Luna sobre el agua, Luna bajo el viento.
(Mis cortas miradas, exploran el suelo)
Las voces de dos niñas venían. Sin el esfuerzo,
de la luna del agua me fui a la del cielo.
2
Un brazo de la noche entra por mi ventana.
Un gran brazo moreno con pulseras de agua.
Sobre un cristal azul jugaba al río mi alma.
Los instantes heridos por el reloj...pasaban.
3
Asomo la cabeza por mi ventana, y veo
cómo quiere cortarla la cuchilla del viento.
En esta guillotina invisible, yo he puesto
las cabezas sin ojos de todos mis deseos.
Y un olor de limón llenó el instante inmenso,
mientras se convertía en flor de gasa el viento.
4
Al estanque se le ha muerto hoy una niña de agua.
Está fuera del estanque, sobre el suelo amortajada.
De la cabeza a sus muslos un pez la cruza, llamándola.
El viento le dice "niña", más no puede despertarla.
El estanque tiene suelta su cabellera de algas
y el aire sus grises tetas estremecidas de ranas.
Dios te salve. Rezaremos a Nuestra Señora de Agua
por la niña del estanque muerta bajo las manzanas.
Yo luego pondré a su lado dos pequeñas calabazas
para que se tenga a flote, ¡ay! sobre la mar salada.
F. García Lorca
Gracias Manolo, Lola, a todos los que hicieron posible que mi alma llorara de emoción y alegría.
María Arteaga
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