
Si algún día te asalta la pena,
la añoranza de tu gente, de tu tierra,
cierra los ojos y... piensa.
Piensa en los que son tuyos,
en tus amigos y compañeros,
en nosotros, tus alumnos.
Has arado, sembrado y regado.
Ahora tienes que recoger la cosecha
de la tierra fértil que eres dueño.
Si se apodera la duda,... sueña
en piratas y pilotos de cuento,
en cajitas de hojalata y ojos de canela.
Verás que pronto pasa el tiempo.
Antes de que florezca el almendro
estarás de vuelta en clase diciendo:
escribir en diez minutos un cuento.
Y nosotros seguiremos como siempre,
sonriendo, hablando y trabajando
porque así nos has hecho.
El mérito es tuyo, profesor y amigo.
Gracias
María Arteaga
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