lunes, 13 de diciembre de 2010

Luces de Navidad




Hoy me siento mal. Cada día me cuesta más sentir el ambiente navideño. Desde que mis hijas no están en casa y mi padre tampoco en la que fue suya y mía, no lo encuentro. Este año no tengo ganas ni de montar mi precioso nacimiento de Griñán, ni poner la estrella brillante que adorna la puerta del salón, ni las velas doradas que sustituyen a las de color sepia de los pequeños candelabros de cristal que hay en la mesa del comedor, ni siquiera la escoba de la bruja con bolitas de la puerta de entrada a la casa. No siento la Navidad por ningún lado, si acaso por el dinero derrochado. Empezando por mi, en loterías que nunca coincide el número escogido con el premiado, y terminando por el despilfarro de nuestro ayuntamiento decorando calles y plazas. El dinero dicen nuestros mandatarios que está escaso, pero no lo parece si levantas la mirada al ocaso. Seguro que Dios desde el cielo se tapará los ojos viendo desde lo alto tanto dinero malgastado y el hambre, frío, llanto e impotencia de muchos que no tienen trabajo y ni siquiera techo. No tiene sentido el lujo cuando una sola persona pase necesidad de lo más esencial.

Pues me siento culpable y yo no puedo hacer casi nada, mi sacrificio o mi pobre limosna sería casi inútil, lo mismo va a alguien parecido a Fagin u otro personaje de la novela de Dickens. Solo puedo llorar de rabia ante tanta injusticia. Mi nacimiento y demás adornos los tengo desde hace años, pero no creo que ocurra lo mismo con los de la ciudad, esta y las de todas las del mundo.

Jooooooooooo, me acaba de entrar un correo de Médicos Sin Fronteras. Bien por todos los que sí hacen algo por los demás.
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Me entristece la muerte de Enrique Morente y demás personas que de la misma forma aunque menos conocidas, no vivirán estos días de fiesta con luces de Navidad. Descansen en paz.


María Arteaga.

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sábado, 11 de diciembre de 2010


En primavera,

las jacarandás posarán bajo sus ramas un manto de flores malvas.

María Arteaga

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jueves, 9 de diciembre de 2010

Un beso y una lágrima




Hermoso libro de poemas de amor
cómplice de sueños y besos,
compañero de mis noches sin ti
que sin querer te olvidaste de los dos.
Letras que esperan conmigo, pacientes
disculpando ausencias, una y otra vez,
hasta que lo deje con otros olvidos
que forman historia de esta etapa.
Sueños rotos, hojas rasgadas,
tiempo perdido que como siempre,
olvido que el momento pasa página
y no perdona como yo.



María Arteaga

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martes, 7 de diciembre de 2010

Cuando estoy contigo












Cuando estoy contigo, no se que es más bello,
si el color del cielo, o el de tu cabello.
No sé de tristezas, todo es alegría
solo sé que eres, tú la vida mía.

Cuando estoy contigo, no sé si en la brisa
hay mejor sonido, que en tu alegre risa.
Si pones tus manos cerca de las mías
dudo que existan madrugadas frías.

Cuando estoy contigo, no existen fracasos
todo cuanto quiero, lo encuentro en tus brazos.
Cuando estoy contigo, me lleno de orgullo,
quisiera que gritaras que soy solo tuyo.

Cuando estoy contigo, no se que es más tierna,
tu figura frágil o un ave que inverna.
Cuando estoy contigo, yo cambio la gloria,
por la dicha enorme de estar en tu historia.
Cuando estoy contigo...


Letra de Armando Manzanero


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domingo, 5 de diciembre de 2010

Domingo inerte



Sola, camino de otro día inerte, vacío.
Noche abrazada a nadie,
solo a un mundo de sueños sin futuro.

María Arteaga


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sábado, 4 de diciembre de 2010

José María Aroca Ruiz-Funez



Donde usted llegue, descanse en paz .

Foto de Joaquín Clares

Siempre recordaré al hombre bondadoso y humano al que conocí una mañana de invierno en su consulta de La Plaza de Santo Domingo en Murcia. Yo era casi una niña, y a pesar de saber que esperaba mi visita sin protocolo alguno, sabía que era un señor importante, aunque él era muy sencillo y jamás se consideraba más que nadie, siempre a la altura de los demás, pero yo tenía tanto miedo que las palabras se congelaron en mi boca.
Jamás olvidaré su trato ante mis nervios, la paz de su mirada, lo mismo que hoy ha referido una de sus hijas al agradecer nuestro adiós a su padre. Ha fallecido un hombre bueno, culto y amable. Médico ejemplar, alcalde honrado, y esposo, hermano, padre y abuelo sin medida, solo su familia sabrá lo que ha significado para ellos su pérdida
Amigos, compañeros, conocidos, incluso pacientes solo nos lo podemos imaginar. No creo que existiera una persona o político con las ideas y principios más sanos, seguramente no le gustaba ver nada que estuviese enfermo a su alrededor, cosa de Galeno, imagino. Renunció a un segundo mandato al frente de la Alcaldía, lo mismo no le gustó la experiencia y quiso vivir en paz.
En los últimos años vivía cerca de casa, a veces, le veía caminar en dirección al centro de la ciudad, y algunas mañanas coincidíamos en la misma cafetería donde la tertulia y los amigos eran más importantes que el desayuno. Alguna vez, me atreví a saludarle si le encontraba aún solo, (puntual como yo), y siempre respondía con la educación y el saber estar que le ha acompañado durante toda su vida, incluso ya enfermo en el hospital, (según me contó su compañero de estudios y de otros menesteres, Doctor Jara, mi Pediatra en la infancia) ha sido un ejemplo para todos. Mi más sentido pésame a su familia para el que fue un buen hombre y primer alcalde electo de Murcia en la democracia (1979-1983).
Muchas gracias Don José María, Pepe para los más cercanos, nunca le podré agradecer lo que usted hizo por nosotros.


María Arteaga


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jueves, 2 de diciembre de 2010

Una nota



Cada noche vuelo a tu ventana
vigilante de tu descanso
por si asomas por ella tu mirada.
Mi alma vive junto a la tuya
y acurrucadita a tu vera
vigila tus miedos, tus deseos.
Mi corazón da un vuelco
cuando dormido pronuncias mi nombre.
Despacito te vuelves hasta encontrarme
y te ayudo en tu búsqueda
porque yo busco lo mismo:
un abrazo sin fin, eterno,
que nos mantenga unidos.
A la aurora levantaré el vuelo
y cansada llegaré a tu lado al ocaso
para que me abraces de nuevo.
Pero solo encontrarás una nota
con el más bello de los poemas.
Regresaré cada día en sueños.



María Arteaga


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