
No te agobies, mi cielo.
Si lo necesitas te presto mi corazón,
mi tiempo libre y mi descanso.
Mis pies menudos para caminar
y mis manos de mariposa para acariciar,
escribir y abrazarme sin tregua.
Si me llamas volaré hasta ti
como un pétalo seco y perfumado
para separar la última hoja de tu libro,
calladita reposaré en tu hombro
y escucharé tu voz leyendo tranquilo.
Seré agua fresca para tu boca sedienta
aunque tu sed sea de mis besos.
Pide lo que quieras de mi, y yo,
hada de tu bosque, haré un conjuro de amor
para que seas eternamente feliz.
Pondré paz en tu descanso
y vigilaré para que nada ni nadie
te haga mal en tu quehacer diario,
colocaré sobre la mesa un mantel
de corazones transparentes
y cocinaré para ti mis mejores recetas
de frutas, caricias y palabras bonitas.
Sueña con los ojos cerrados, que yo
los abriré con miles de besos.
María Arteaga
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