¿Qué tendrá su voz que le tranquiliza...?
Dormía, soñaba... pero no era un sueño,
algo alertó su descanso que despertó
poniendo paz y alegría en su corazón,
primero escuchó música, luego su voz.
Desde ese momento pudo seguir soñando
en una noche que no esperaba nada,
solo desear que amaneciera.
Risas bajo las estrellas desde la ventana
y la luna que empezaba a coquetear
perdiendo su redondez poco a poco.
De nuevo cerró los ojos y entre sueños,
imaginó una historia con un final feliz.
Playa de arena blanca, piel desnuda,
solos, velas con aroma de canela
y dos almas emocionadas...¡amor!
María Arteaga
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