Dame un suspiro de tu aliento
y será suficiente pasa seguir.
Préstame un poco de tu ánimo
y llegaré al final del camino.
Regálame algo de paciencia
y esperaré hasta el infinito.
Sabes que por ti daría todo,
mis sueños, mi tiempo, mi ser.
Tú, cielo, eres para mí
madrugadas de ojos cerrados
y fantasías de piel dorada.
María Arteaga
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