Deja que me confunda otra vez
y bese tus labios de nuevo.
¿Es para ti lo mismo,
y bese tus labios de nuevo.
¿Es para ti lo mismo,
que para mí aquel beso?
Una caricia que se hizo cuento
de amores con alas para volar.
Deja que me confunda de nuevo,
calla, silencio... no digas nada,
que me ruborizo cuando recuerdo
el matiz de tu súplica:
sólo querías de mí
un beso en la mejilla.
Ahora es para los dos
el paraíso en la tierra,
no hay nada más delicioso
que tus labios ondulados
acercándose a mi boca.
María Arteaga
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