caricias en el pensamiento
trajo la libélula madrugadora
al colarse por la ventana.
Apenas sin fuerza, exhausta,
se dejó caer en mi almohada.
La cogí entre mis manos
para llevarla a la libertad,
pero ella sintió paz y alegría
y decidió volar a mi lado, libre.
Ahora es parte de mi mundo,
alerta cuida mi descanso...
fiel guardián de mis sueños.
María Arteaga
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