Tengo los pies dormidos y el alma cansada
de caminar sin rumbo.
Tengo los ojos despiertos y mis sentidos mudos
desde antes del alba.
Tengo serias dudas de mi existencia insulsa
cuando rendida no tengo ganas de descansar.
Y sigo un día tras otro buscando sentido
a lo que tengo, y lloro de impotencia o rabia
a la realidad que atesora cada uno de mis días,
que en realidad no es casi nada, o todo...
Que sé yo lo que soy o siento, lo que vivo
o sueño, quien soy entre tanta gente feliz,
solo un cuerpo que persigue a su alma
y la encuentra arrugada en el último escalón.
María Arteaga
***