sábado, 31 de marzo de 2012

Sin duda ni rodeos












Quiero vivir junto a ti
y pasear agarrada de tu mano.
Deseo viajar sin prisa ni rumbo
a donde nos lleve el destino.
Necesito que me abraces en la calle
sin que tus ojos miren con recelo.
¡Somos tan felices juntos
que a veces siento mucho miedo...!
Disfrutamos de las cosas más simples
porque lo importante es tenernos.
Sé que tú me perteneces;
yo soy tuya sin duda ni rodeos.


María Arteaga

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miércoles, 28 de marzo de 2012

MESA PARA DOS



¡HOLA!

Os dejo mi relato con el que gané el segundo premio del concurso de Guadalupe. Espero vuestra sincera opinión. Y no vale lo de tanto anónimo :-)




MESA PARA DOS

Con las manos entrelazadas, Miguel le preguntó a la mujer que le miraba con lágrimas en los ojos—¿Parece un sueño, verdad? Ella asintió mientras apoyaba la cabeza en el pecho del  hombre. Desde ese instante, el pasado  se adueñó de ellos.

                                                        ***          

             Sofía había salido a dar un paseo, estaba de nuevo en la ciudad y se sentía extraña sola, cuando salía, siempre iba acompañada.      
Caminaba despacio, hacía tiempo que cuidaba donde ponía los pies, ya no era una jovencita y llevaba mucho cuidado cuando se calzaba  zapatos con un poco de tacón, especialmente al pasar por  calles empedradas, o como ésta que le llevaba al museo y que aún estaba pavimentada de adoquines.
 Años atrás había trabajado allí.  En la terraza del edificio  había un bar, donde tranquilamente,  podías tomar un café viendo el río y las carpas saltar, ¡Hacía tanto tiempo de aquello!
            Siguió paseando y observando cada rincón, todo había cambiado, lo mismo que ella. 
Sofía era menuda y viva, su rostro tenía surcos que ella lucía con la alegría que siempre la había caracterizado, y sus ojos resplandecían. Ni el tiempo ni la depresión que había sufrido, habían  cambiado su corazón ni el romanticismo que siempre le perseguía.
Un nudo le oprimía la garganta haciendo que casi no pudiera respirar, empezó a subir los escalones, y  sonrió levemente al darse cuenta de que todavía era capaz de hacer esa proeza sin cansarse demasiado.
Atravesó el puente y se paró ante el semáforo que parpadeaba  en ámbar;  una señal  le advertía  de algún peligro, no recordaba que pasara el tranvía por esa avenida. Entonces se dio cuenta que había olvidado o desconocía muchas cosas.
 Cruzó la calle y llegó al jardín. Sus pasos le hicieron detenerse ante la escultura ennegrecida, y prosiguió su camino admirando la belleza de las plantas.
Estaba un poco cansada, ya en la cafetería,  acercó una silla a la mesa y se sentó, dejando el bolso en otra silla. El camarero llegó y le saludó,  al tiempo que le preguntaba  qué deseaba tomar. Ella le pidió un café con leche.
A lo lejos, entre las fuentes de agua y las flores, caminaba un hombre tranquilo  con paso firme y seguro.
 Algo le alertó, levantó  la mirada de la novela  que acababa de sacar de la bolsa de papel,  y con la delicadeza de sus temblorosas manos, la dejó sobre la mesa.
           El médico le había dicho  esa misma mañana, que no se preocupara por el leve temblor, que eso era lógico a su edad, aún así sentía miedo.
       Miró al caballero que le pedía permiso para compartir mesa, era el mismo que le hizo desistir de la lectura, algo había en él que le era familiar, pero no sabía qué. Asintió con un leve movimiento de cabeza. El hombre se sentó frente a ella sonriendo. Sofía le miraba intrigada, era ya mayor para juegos de seducción, pero ese rostro era conocido,  como  su sonrisa.
            —Hola Sofía, me temo que no recuerdas quién soy.  Mirándole a los ojos, la señora contestó —No. Y continuó.
—Al parecer  usted me conoce, pero yo no recuerdo quién es.  Miguel, que así se llamaba el caballero,  prosiguió —Han pasado muchos años y ni uno solo que no te recordara, estás igual de preciosa que la tarde que desapareciste de mi vida. Pregunté por ti hasta la desesperación, y todos nuestros amigos y conocidos, me respondieron lo mismo, que te habías marchado fuera de España, nadie supo donde, hasta que esta mañana  tu hija me ha llamado para comunicarme que estabas aquí,  dijo  Miguel, ¿y cómo sabía Celia tu número de teléfono?, preguntó Sofía, con esa pose que él  también recordaba: con las manos juntas, sujetaba su barbilla—Te cuento, dijo el hombre emocionado.
—Hace años, nos enamoramos como dos adolescentes, pero ambos  teníamos familia.  Un día me diste la dirección de tu hija y su número de teléfono, “por si pasaba algo”, me dijiste, yo guardé esos datos como un tesoro, y he llamado a Celia muchas veces, he visitado su casa, y ella siempre me decía que estabas bien, pero que necesitabas paz tras la ausencia de su padre, tu esposo. Cuando supe lo de su lamentable accidente, pensé que tú aparecerías, pero me equivoqué  Yo respetaba tu silencio, pero sabía que la causa era otra,  te juro que no pude hacer nada por nosotros en aquellos días, y cuando Maite, mi mujer, abandonó nuestra casa,  tú ya habías desaparecido sin dejar rastro.
         Recuerdo que un día me dijiste que si enfermabas  a causa de nuestra separación,  yo no me enteraría, y cumpliste tu palabra. Quiero que sepas que he sufrido un infierno durante todo el tiempo. Desde que te conocí, como te dije, has sido lo más importante de mi vida.
          Ya estoy jubilado,  mi mujer hace años que me abandonó y marchó con otro hombre. ¿Recuerdas?, siempre pensamos que seriamos dos escritores famosos, y yo he necesitado durante todos estos años que supieras de mis éxitos. Por fin publiqué mis cuentos y novelas, ¡Y te he echado tanto de menos!
            Sofía escuchaba sin parpadear, por más que lo intentaba, no le recordaba, seguro que los médicos y su familia, le ocultaban algo. Junto al hombre que estaba a su lado, sentía sosiego, le era familiar el timbre de su voz, y sobre todo su risa.
Escuchó una voz a su lado, —Mamá,  dijo Celia solícita, —tienes que tomar tus medicinas, y la señora le miró suspirando, eran muchas emociones para un solo día, estaba cansada de acatar órdenes, tomar medicamentos y dormir todas las horas que le decía el doctor. Ahora era su hija la que daba instrucciones, que junto a sus hijos,  habían salido en su busca.
            —No te preocupes Celia, yo me ocuparé que tu madre tome su medicación y trataré de hacerle recordar quién soy,  y lo importante  que es para mí nuestro reencuentro; seguro que reacciona,  no es posible que me haya olvidado; estoy seguro que se acordará de mí  cuando le hable un poco de nuestro pasado. Aclaró Miguel acariciando las manos de Sofía, que sin saber por qué, ella no deseaba retirar.
                   Y de nuevo suspiró, esta vez, feliz.



María Arteaga


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sábado, 24 de marzo de 2012

XIX Certamen Literario de Poesía y Narrativa



Este año he vuelto a participar en el Certamen Literario de Guadalupe. La Junta Directiva del Centro de la Mujer, Alicia Barquero (Concejal de Políticas de Igualdad  y Cooperación al Desarrollo del Ayuntamiento de Murcia), miembros del jurado y la Junta Vecinal con su alcalde al frente, hicieron anoche entrega de los premios de Poesía y Relato en el Centro Cultural de Guadalupe (Murcia).


El año pasado obtuve el segundo premio de Poesía (dejando el primero desierto), y este año he ganado el segundo de Relato. Nuestro profesor (Antonio Lois) tiene que estar orgulloso de sus alumnas, ya que otra compañera del Taller del Carmen, se hizo con una mención en Narrativa y el primer premio de Poesía, Catalina nos hizo reír con su historia de dolores, amores y desamor. El año pasado, Merche ganó el primer premio de Relato. (Otra alumna y compañera, además de amiga)


Mi historia se titula "Mesa para dos".



María Arteaga

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miércoles, 21 de marzo de 2012

Rocío de la mañana




















Erguido y elegante apareces,
rocío de la alborada.
Mariposas bailarinas se guarecen
del viento y la lluvia
en la mañana atípica y fría.
Entre juncos verdes ella espera,
no es tan fuerte como tú, ni veloz,
apenas dibuja estelas en el agua
mientras nada hacia ti,
despistado, casi no la miras.
Gira su cuello largo y frágil
coqueta como una dama
deseosa de ser amada,
enamorada como cada año
de jazmines, margaritas y azahar,
la primavera...


María Arteaga

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domingo, 18 de marzo de 2012

jueves, 15 de marzo de 2012

Medidas de felicidad
















No percibo la piel sin la tuya a mi lado.
Ahora no tengo tus manos en las mías,
ni respiras junto a mi nuca,
ni tus dedos enredan mi cabello.
No encuentro tus ojos en los míos,
ni risa que alegre mi tiempo,
imagino tu vida, pero no te veo.
Me siento ciega desde que te fuiste
porque no brilla nada en mi espacio,
sólo recuerdos y sensaciones,
despedida bajo la luna menguante
y tu voz resonando en el silencio
con un deje de tristeza.
Hoy, tengo la ilusión de otro día juntos
y mi alma que siempre espera.


María Arteaga

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martes, 13 de marzo de 2012

De sutil a intenso















Malva con mijitas de blanco,
morado como túnica de nazareno,
bello como un día juntos.
Flores con gotas de rocío.


María Arteaga

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sábado, 10 de marzo de 2012

Amanecer sin ti















Parece que soy fuerte,
que afronto la marea
y el acoso de las olas,
pero soporto mal
amanecer sin tus besos.


María Arteaga

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lunes, 5 de marzo de 2012

Besos de marzo



Deja que me confunda otra vez
y bese tus labios de nuevo.
¿Es para ti  lo mismo,
que para mí aquel beso?
Una caricia que se hizo cuento
de amores con alas para volar.
Deja que me confunda de nuevo,
calla, silencio... no digas nada,
que me ruborizo cuando recuerdo
el matiz de tu súplica:
sólo querías de mí
un beso en la mejilla.
Ahora es  para los dos
el paraíso en la tierra,
no hay nada más delicioso
que tus labios ondulados
acercándose a mi boca.












María Arteaga


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